La que voy a contar a continuación es una historia yankee, más aún: una historia californiana. Aun para ser una historia yankee, y por añadidura californiana, es particularmente absurda (¿o no?).
Es la historia de un niño negro que soñaba con ser un niño blanco, y de un niño que se empeñaba en seguir siendo niño para toda la vida. Y que, ahora, se encuentra a punto de ser condenado a muchos años de cárcel. Cuando salga será un viejo (y habrá vuelto a ser negro seguramente...¡JI, JI, JI!)
El "niño" se llama Michael Joseph Jackson. El menor de cinco hermanitos negros que cantaban y bailaban hace tres décadas y se hicieron famosos con el nombre de los Jackson Five. Disuelto el grupo familiar, el pequeño Michael continuó su carrera musical en solitario. Y gracias a su "talento artístico" (si es que a eso se le puede llamar así), se hizo en unos cuantos años inmensamente rico y célebre. Llegado ahí, el ya no tan pequeño Michael se dedicó a hacer realidad su sueño infantil de ser un niño blanco, y un niño eterno. ¡Y lo logró!. Bueno, más o menos.
Pues no se puede decir que sea blanco de verdad, aunque gracias al uso intensivo de algún decolorante cutaneo, algún ácido destructor de la melanina, haya obtenido con el curso de los años una tez cerúlea y casi transparente, como de payaso de circo pintado de blanco con harina. Y tampoco se puede decir que sea de verdad un niño en sus rasgos físicos, a pesar de haber pasado una y otra vez bajo el bisturí de los cirujanos plásticos, o quizás hasta de médicos forenses que disecan cadáveres en la morgue.
En una primera etapa quedó idéntico a la cantante Diana Ross. Luego prefirió cambiarse nuevamente para lograr la faz exacta de la actriz de cine Liz Taylor, nunca pudo conseguir que sus ojos se volvieran, como los de ella, de color violeta. El resultado es monstruoso. Michael Jackson parece un híbrido de gacela asustada por los faros de un automóvil y señora de setenta años muy operada.
Mirarlo -en la televi$ión, quiero decir- produce una desagradable sensación de repulsión destemplada, como el ruido de una tiza que resbala en un tablero de pizarra, en el colegio. Y no contento con haberse convertido en ese monstruo artificial, improbable, casi increíble, Michael Jackson empezó a llevar una vida de "monstruo", de ogro de cuento de hadas.
Se casó con la hija de Elvis Presley. Y después con una enfermera ¿?. Adoptó (¿o mandó a fabricar en probeta? No se me haría extraño) un par de niños de raza blanca, para evitarles el calvario de quirófanos que había padecido él mismo, y se los mostró a los fotógrafos y a los noticieros calzando guantes de caucho y máscara antigases, para no contaminarse (¿o contaminarlos?). Se hizo construir en las afueras de Los Ángeles un palacio llamado Neverland Ranch, como el País de Nunca Jamás de su ídolo Peter Pan, el niño que no quería crecer (mas bien no quería ser hombre, ¡ASI COMO ÉL!). Con todo: casita en un árbol hueco (hubo que ahuecar el árbol), falsa aldea india (con indios verdaderos traídos de una reserva), zoológico para alojar un cocodrilo, al que acompaña un elefante que le llevó de regalo su amiga Liz Taylor cuando fue allá a casarse con su marido número...? no recuerdo. Y en ese rancho organizaba unas estupendas "fiestas" infantiles, con helado y bombas de inflar, y después invitaba a los niños a que se quedaran a dormir (¡VAYA FIESTAS!).
Hace unos pocos meses explicaba en la televi$ión, en una entrevista que no hay nada más bello que compartir la cama con un niño. Un varoncito. Porque es que las niñitas, por lo visto, se hacen caca en las sábanas. Y las mujeres, qué asco: sangran. Y de pronto, "out of the blue", como dicen los yankees, caído como un rayo de un cielo azul sin una sola nube, plaf: una denuncia por pederastia.
A Jackson lo demandan los padres de uno de sus amiguitos, un niño de catorce años que, según cuenta la prensa, tiene cáncer. El cantante, dicen, emborrachó al niño y lo violó. Él lo niega: lo único que bebe es gaseosa, y eso no emborracha a nadie. No es la primera vez que le sucede un incidente así -y al menos en California la sodomía no tiene la pena de horca con que se le castiga en otros Estados de la Unión más brutales. Hace cuatro o cinco años, la cosa se saldó como suelen solventarse las cosas ante la justicia norteamericana, esa a la que allá llaman "the best justice money can buy" (la mejor justicia que el dinero pueda comprar): con un arreglo al margen del tribunal entre el acusado Jackson y los padres del niño, que retiraron su denuncia a cambio de un par de millones de dólares.
Esta vez no. Los padres del niño mantienen la denuncia, y Michael Jackson responde... con otra "fiestesita" infantil. Una de solidaridad consigo mismo bajo el lema You are not alone (no estás solo), a la que fueron invitados 600 de sus amigos íntimos con sus niños, y que no quiso celebrar en su rancho de Neverland manchado, desconsagrado, según él, por la visita de la policía, sino en una mansión alquilada para la ocasión (manchada y desconsagrada por él). A continuación, se presentó en el tribunal a declararse "no culpable". Llegó a las ocho y media de la mañana (y el juez lo regañó por presentarse media hora tarde) con gafas de sol y vestido de casaca dieciochesca. Desde el techo de su automóvil saludó a sus admiradores, que habían acudido horas antes en una "caravana de amor" (¡CARAVANA DE MARICAS MAS BIEN!) con pancartas que decían "Michael, te queremos" (¿SI VEN?). Un peluquero peinaba su larga melena de azabache cada dos o tres minutos, y un guardaespaldas sostenía sobre su cabeza una sombrilla para proteger la blancura de su cutis de los rayos del sol, mientras él hacía la V de la victoria, como Churchill despues de haber hundido a Europa, Inglaterra incluida, en el fango de la derrota. Docenas de camarógrafos y periodistas registraban la escena desde helicópteros. Y todo el espectáculo era transmitido en directo al mundo entero por CNN.
Y he aquí algo que nos interesa: Sobre los guardaespaldas. desde la acusación de pederasta, tanto ellos como los peluqueros, secretarios y asesores que manejan su dinero, son militantes de la Nación del Islam, una organización negra antiblanca dirigida por Louis Farrakha: el mismo que hace dos o tres años encabezó en Washington una multitudinaria "marcha de hombres negros", y el mismo que hace treinta fue señalado como responsable del asesinato del activista Malcolm X, cuyos Musulmanes Negros se habían escindido de la Nación del Islam por discrepancias sobre el papel exacto de los platillos voladores en las enseñanzas de Mahoma (Eso si que es bien profundo). La Nación del Islam también tiene en sus filas a Muhammad Alí, ex Cassius Clay y también a él le maneja su dinero. Pero eso es comprensible, pues Alí ha sido toda la vida uno de los más consecuentes representantes del "orgullo negro". En tanto que Jackson, por el contrario, no ha hecho otra cosa que tratar de escapar de su raza, que sentía como una cárcel. De modo que resulta paradójico que ahora, para escapar a la cárcel "de verdad", se haya vuelto militantemente negro. No le falta razón. Probablemente la única manera de ser declarado inocente en el juicio por pederastia consiste en acusar de racista a la justicia californiana.
Vaya historia mas cómica (es la única expresión que se me ocurre para definirla) un sujeto que, queriendo ser blanco traiciona su raza, y ahora que está en líos con las autoridades se alía con extremistas afroamericanos para poder acusar a la justicia yankee de racista en caso de salir culpable. ¿Pero... creerán los negros -o los blancos- que Michael Jackson es de verdad negro después de haber dedicado tantos esfuerzos a disfrazarse de blanco? Quién sabe. A lo mejor, si se tizna la cara con un corcho quemado el día del juicio ¡ESO SI SERÍA CÓMICO!.
RELATO EXTRAÍDO de la WEB NuevOrdeN