El hombre que posteaba demasiado (poco)
Pero no hablemos de mí, pues soy tímido, reservado y aunque parezca mentira, se me pone colorada cuando me miras. Tras el merecidisísisisimo descanso estival, el blog vuelve a su ritmo habitual: Kaplan intentando salvar los muebles saqueando el Youtube, Zaius buceando en los rincones más oscuros de la depravación humana con tal de traernos su consultorio (que se inventa las consultas, vamos) y yo, aún traumatizado por el vídeo de Manolo “sabe raro” Escobar, escribiendo posts de relleno.
No me miren así, ¿qué coño esperaban? ¿al Jodorowsky? Frikis, pero no sectarios. Aviesos, pero bienintencionados. Jodidos, pero contentos.
Así que ustedes eligen. Entran regularmente en esta página con la lejana esperanza de que el vídeo de marras sea nuevo, o cogen el consolador tamaño mandinga y juguetean con él. O ambas cosas, pero recuerden para futuras demandas: el desgarro anal no fue por nuestra culpa.
Porque en Barranquilla se escribe asín.



